Responsabilidad personal y pública de los docentes.

 

Este es un tema muy interesante e imprescindible en el desarrollo de la praxis docente, ya que las estrategias, técnicas y metodologías de enseñanza aprendizaje utilizadas por los maestros deben estar acompañadas de un compromiso y una responsabilidad ética, profesional y social que facilite la obtención de los resultados esperados y así contribuir en la construcción de una sociedad más íntegra donde los ciudadanos tengan la capacidad de desarrollarse como entes productivos y de trabajo. 

Según un informe publicado por la UNESCO, la responsabilidad principal de los docentes es garantizar la instrucción de alta calidad. Esto comprende tareas como abordar el plan de estudios, asegurar el compromiso docente y el aprendizaje de los alumnos, adaptar las instrucciones y actividades a las necesidades de los estudiantes, preparar los materiales y recursos didácticos de la clase, brindar retroalimentación a los alumnos y a los padres, además de organizar y evaluar. En la sociedad actual se espera que los maestros tengan la capacidad de educar, ser consejeros, investigadores, mentores, entre muchos otros roles tales como crear vínculos afectivos con sus alumnos, pero manteniendo siempre un margen de respeto mutuo.

Una responsabilidad personal que tienen los docentes en el ámbito educativo es la de transmitir y construir conocimientos de materias básicas, pero también tienen el compromiso de enfatizar en sus alumnos habilidades interculturales, sociales, interpersonales, de comportamiento y emociones, tales como la empatía, la perseverancia y el trabajo en equipo.

A su vez, los docentes son quienes crean las condiciones para que el país, la sociedad y el mundo puedan contar en el futuro con ciudadanos competentes y también ética y socialmente conscientes. Aunque la expresión no es de mucho agrado, podemos decir que en sus manos está la inversión en capital humano tan necesaria para asegurar el bienestar colectivo. Es preciso resaltar que ellos son quienes mejor conocen la peculiaridad de la materia prima con la que trabajan.

Por ello considero que las instancias políticas, públicas y privadas deberían tomar las medidas oportunas para que la sociedad disponga de profesionales bien preparados y con auténtica vocación por la docencia, a los que se les deben dar incentivos y reconocer su labor, para que pongan los cinco sentidos en sus quehaceres diarios.

A lo largo de nuestras vidas todos hemos sido estudiantes y  sabemos en qué medida se aprovecha el tiempo de las enseñanzas, lo cual depende mucho de la calidad de la pizarra o de los medios audiovisuales, de los materiales y recursos didácticos que emplea el maestro, de los dispositivos tecnológicos que poseen el maestro y los alumnos y por su puesto también depende muchísimo de las habilidades del enseñante. Pero estos elementos rara vez se visualizan en la vida áulica cotidiana.

En ocasiones parece que el peso del éxito de cada programa educativo descansa en los hombros de los profesores. Pero quiero hacerte la siguiente pregunta: ¿tienen los medios y el apoyo para lograr una tarea tan compleja?

Expertos del estudio de la UNESCO, afirman que los maestros cuyo trabajo no es reconocido y recompensado adecuadamente a menudo se sienten sobrecargados y subvalorados, lo que puede influir en el ausentismo, la motivación y la efectividad.

Con las cosas de comer no se juega, dice la sabiduría popular. Pero tampoco con las de aprender, pues nos jugamos el bienestar de las generaciones futuras. Confiemos en nuestros docentes. Fijémosles unas metas y comprobemos su grado de compromiso.

Yo, en condición de articulista y pensador siempre he manifestado que lo más importante para una buena docencia es la motivación, lo cual es un valor difícil de promover y de preservar.

Franklin Martínez


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